Matrimonio Homosexual.

Hace dos días, la Corte Constitucional del Ecuador falló a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. A mi parecer, éste es un avance social y cultural hacia un desarrollo moderno donde impera la tolerancia y el respecto (en teoría), que complementa la decisión tomada por la Asamblea Nacional del Ecuador que desde el pasado abril del año 2015 reconoce la Unión de Hecho Homosexual en el país.

No voy a centrarme en los efectos colaterales sociales y psicológicos que puediran crearse en los miembros de una familia homosexual, ya que este tema es un punto y aparte y merece un análisis independiente más profundo. Sólo me centraré en el hecho de que el Ecuador, país donde crecí, haya dado el siguiente paso a puertas de una sociedad igualitaria.

Ecuador supone el sexto país de hablahispana y el onceavo país en toda américa central, caribe y américa del sur que adopta el matrimonio igualitario.

Sin embargo como nos caracteriza a los latinos, ¡¿o sólo los ecuatorianos?! (es una duda), todos quieren dar su opinión, y en casi todas las ocasiones, esta opinión disfraza un regaño acusatorio que arrogantemente pretende ser una verdad. Tanto es el clamor de las voces a ser escuchadas que dichas opiniones en las redes sociales no se han hecho esperar, e incluso hasta miembros del clérigo mayor ecuatoriano han dado su opinión (¡o desaprobación!) a este acontecimiento.

Pero este sentimiento de “amor diferente del convencional” se ha visto desde tiempos antiguos, con Safo de Matilene o también conocida como Safo de Lesbos una poetisa de la antigua Grecia quien mantenía a escondidas amoríos con sus discípulas (de aquí el origen etimológico del significado Lesbiana), otro caso notable es la historia poco conocida de Sócrates, padre de la cultura de occidente, quien mantenía relaciones amorosas con sus discípulos, uno de ellos el famoso Platón, y sin embargo a diferencia de la época que actualmente vivimos a la de la antigua Grecia, la preferencia sexual no se concebía como identificador (y lamentable segregador) social, cosa que sí se hace hoy en día en el occidente.

Me parece tóxico e inflamatorio, cómo la mayoría de las personas emiten sus criterios y juicios, despotricando muchas veces opiniones sin fundamento alguno, empujados simplemente por costumbres hogareñas, y sin embargo ni siquiera hemos (me incluyo en esta línea) comprendido el verdadero significado del Amor hacia un otro ser humano, que en este caso es del mismo sexo.

Creo que deberíamos de estar hablando del hecho que esta aceptación del matrimonio homosexual va más allá de las ideologías particulares, y que supone comprender que el individuo está por encima de normas, dogmas y costumbres socialmente aceptadas. Debería suponer el reconocimiento de nuestra diversidad y complejidad, que de hecho es lo único que nos hace humanos, y sobretodo, el enseñar a una sociedad tan distraída, que existe y siempre existirá el Amor sin fronteras.

Para Ojos de Robot, la aceptación del matrimonio homosexual significa, más que todo, zafarse un poco más de las cadenas ideológicas y aprender a vivir en armonía como un (y con otros) ser humano.

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La Gran Limpieza.

ōsōji o la “gran limpieza”, es una costumbre japonesa que a vísperas del nuevo año las familias niponas realizan en sus hogares.

Pero, el ōsōji tiene un significado más espiritual y metafórico que una exhaustiva limpieza física del lugar donde habitan, es además una manera de purificarse, hacer un borrón y cuenta nueva en sus vidas, y en el cual también pagan sus deudas pendientes o realizan actividades que cada persona haya postergado durante el año que está culminando.

Me he visto interesado por la cultura japonesa desde que meses atrás disfruté de una conferencia dada por Yokoi Kenji Diaz, un famoso conferencista, couch personal y youtuber Colombo-Japonés cuyo objetivo es transformar las costumbres y hábitos de las personas contando sus experiencias por haberse criado en un ambiente latino -que es muy desordenado e irreverente en muchos sentidos- y en otro asiático, que por obvias razones es muy diferente al nuestro en todos los sentidos.

Así fue como descubrí esta tradición, pequeña en forma aunque grande en su fondo, que cobró sentido en el modo en el que pude comprobarla.

Cuando era niño, recuerdo a mis padres guardar cosas, dígase frascos vacíos, cajas, herramientas y artículos de todo tipo con la esperanza de ser usados en el futuro y la verdad es que en su mayoría, por no querer decir “en su totalidad”, jamás se les dio utilidad y que hasta la fecha éstos ocupan sagrados espacios dentro de la casa de mis padres, y además puedo dar fe que este mal hábito no es exclusivo de mi familia ya que me he percatado que en otros hogares también sucede lo mismo.

Y de hecho no estoy siendo pretencioso al decir que he visto a esta “acumulación” trascender en: tareas a medio terminar, en conversaciones inconclusas, en deudas y hasta en sentimientos reprimidos, que nosotros los latinos, o al menos mi familia y algunos conocidos, tendemos a dejar para después y así seguir llenando nuestros hogares y nuestras almas de cosas que pudieran resolverse con un simple acto de limpieza.

Por mi experiencia puedo expresar al Lector que hace unos días hice el intento de recrear el ōsōji en mi casa, y aunque al principio tuve la burla de mi Esposa ya que mis jornadas de limpieza se limitaban a utilizar una aspiradora eléctrica y un trapo, al final gozamos de una mística sensación de bienestar al concluir dicho acometido.

Liberación y desahogo tanto anímico como espiritual, nos vimos sorprendimos al contemplar tres bolsas repletas de cosas innecesarias, y al echar un vistazo a las áreas purificadas vimos que hasta el color blanco de las paredes nos felicitaban con un brillo poco usual.

Me siento tan bien por esta experiencia que también voy a poner practicar el ōsōji en mi vida.

¡mata ne!

Personas alrededor, y nos sentimos solos.

Escribo estas palabras un poco apesadumbrado, desconcertado. Hace unos días una vieja amiga de la escuela y ahora colega profesional abrió su firma independiente como corredora de bienes raíces, hasta aquí todo excelente, sin embargo cuando le escribí por el whatsapp y después de dedicarle mis buenos deseos, ella me confiesa que yo soy, hasta la fecha de esta publicación, la única persona a parte de su familia que la ha apoyado y felicitado por tan valiente decisión.

En un primer instante me sentí contento de haber sido el primer individuo no familiar que le anime a seguir adelante, pero enseguida noté que eso no está bien, y es desmotivante al menos para mí haberme percatado.

Es decir, estoy seguro que habrán muchas personas mucho más cercana a ella que tuvieron la primicia o mejor dicho quienes fueron confidentes de su idea incluso mucho antes de que mi amiga haya llegado a este punto, y sin embargo ella me supo decir que nadie más la ha apoyado.

Considerando mi ínfima sapiencia puedo llegar a la conclusión que nosotros, los seres humanos, jamás hemos tenido logros por sí solos, ya que cada persona tuvo o tiene a alguien que le ha servido como guía, mentor o simplemente nos animó hacer lo que queremos hacer en un momento dado, y esto último creo que es aún más importante que cualquier apoyo monetario o intelectual, el Apoyo Moral.

Una sonrisa, una escucha atenta, unas palabras de aliento son a veces más que suficiente para que una vida cambie su rumbo.

Y algo aún más desconcertante fue que mi amiga y yo llegamos a la conclusión de que es mejor hacer una vida en total silencio, aunque por defecto seamos seres sociales y queremos compartir nuestros deseos y sueños, muchos de nuestros “allegados” o inclusive gente que consideramos “amigos” son corriente incesante de envidia, crítica no constructiva y menosprecio que apaga la llama de nuestra vida. Qué irónico saber que éstos mismos son los que buscan, o necesitan, de la aprobación, agrado y admiración de otros.

¿Dónde está la amistad sincera y confidente que todo el mundo habla, o al menos pretende? ¿Acaso nuestras amistades se han convertido en nuestra competencia? ¿Nos hemos convertido en animales que luchan por una burda supremacía?… Aunque de hecho hay contadas excepciones…

Lamentablemente querido Lector, en esta lucha jamás habrá ganadores, ya que si los dos tenemos razón esta vez, y ojalá no sea así, todos aquellos competidores caerán en una espiral infinita y miserable manejada por un insaciable ego.

“Mucha gente dice querer verte bien, pero nunca mejor que ellos”… Espero no tener la razón.

Buenas Tardes, Buenas Vibras.

Hace pocos días, una tarde como cualquier otra, estaba con mi hermano y mi padre esperando el autobus que nos llevaría a nuestro destino, aunque para cada uno fue diferente, mi destino se convirtió en una revelación universal.

En mi país Ecuador, en espacial la región costa, es conocida entre muchas cosas por su transporte público, decadente y poco fiable, y muchas de las personas que los conducen se caracterizan por ser groseros, pretenciosos y un poco misántropos.

A pesar de la resignación de los ciudadanos, esa tarde me vi sorprendido por un gesto poco usual, anormal diría yo, y además revelador, el Chofer del autobus nos recibió a mi y mi familia con un saludo: “Buenas Tardes, pasen adelante”.

Y es aquí cuando se desprendió de mi una sonrisa y de lo más profundo mi respuesta a esta sencillo acto. De la misma manera mi hermano y mi papá hicieron lo suyo. Al tomar mi asiento, empecé a notar que la actitud de la gente que se encontraba en el autobus era amena y los pasajeros que se subían a éste se llenaban de una sonrisa, y de hecho aunque no había música ambiental, se respiraba un ambiente agradablemente bulloso.

Como dato interesando, el saludo de los buenos días, buenas tardes, buenas noches se remonta al castellano antiguo (época de la conquista), cuando dentro de las liturgias católicas se saludaba con un buenos días nos de Dios, lo cual a medida que fue pasando el tiempo en España y los países de hablahispana fueron omitiendo alusiones dogmáticas reduciéndolo a lo que se conoce hoy como un augurio de prosperidad.

Pero este simple acto de aquel chofer, que ya no recuerdo su rostro y jamás supe su nombre, quedó impregnado en mi reafirmando la teoría que todos nosotros somos más que carne y hueso, y de hecho, aunque no lo percibimos, somos energía que se traspasa de ser a ser.

Ahora creo que firmemente que un saludo de buenos días, buenas tardes o buenas noches jamás volverá a ser una simple diplomacia, porque ahora se han calado en mi como un mantra que tiene un significado sublime y energético.

Buenos días querido Lector.

Un globo llamado emprendimiento.

El emprendimiento se ha vuelto una moda. Es más, diría que hasta una obligación en el círculo de “personas de éxito”. Basta con ver cuan numerosos son los perfiles de Facebook e Instagram acerca del emprendimiento, de millonarios, de éxito, etc.

En lo personal, sigo unos cuantos de estos perfiles desde el año 2014, y la verdad no han cambiado en mucho. Quizás ahora han evolucionado a mejores frases motivadoras acompañado de buenas imágenes de fondo (personas con traje, tigres, leones, y uno que otro actor de cine, en su mayoría), y sin embargo más no en su contenido.

Desde ese mismo año empecé a deleitarme con estos temas del emprendimiento y del éxito gracias a un libro que cayó de causalidad, viendo un video de la autoría de un famoso gurú colombiano del emprendimiento, un libro de la autoría de Robert Kiyosaki.

Este libro, o más bien una especie de autobiografía, me dio las primeras luces del emprendimiento y de un entendimiento nuevo acerca del dinero. Realmente muy motivador, me enseñó que siendo un simple empleado no llegaría jamás a ser un millonario como él y como el resto de este pequeño grupo selecto de personas. Y entusiasmado por este último punto comencé a caminar en el sendero del emprendimiento.

He pasado desde vender ropa de mujer, vender cartuchos de impresoras xerox y HP, vender suplementos deportivos (en la primera tanda del proveedor ya fui engañado), ser prestamista, hasta ahora último montar un restaurante con un amigo.

El Lector diría que, este tipo ha de ser un curtido (persona con basta experiencia) en los negocios, y la verdad es que no.

No digo que no haya sido enriquecedora la experiencia, ya que he invertido mucho dinero y tiempo en todas estas aventuras, sino que lo he venido haciendo sin estrategia, sin un norte claro, y sin un mentor a mi lado.

Y es aquí donde vuelvo al año 2014 y hago un recorrido por todos aquellos libros, todos aquellos perfiles, todos aquellos gurús que hasta hace unos meses seguía con religiosa devoción, y para ser sincero y serlo para mi también, no me han enseñado casi nada.

No acuso a aquellos autores de libros y espacios del emprendimiento de ser un fraude, nada de eso, pero desde hace unos meses atrás les tengo como motivadores mas que gurús o mentores, solo “motivadores”.

Haciendo un paréntesis, recuerdo que a mediados del año 2017 un compañero y amigo de la oficina empezaba a deslumbrarse por los temas que le conversaba, muchos de ellos sacados de los libros y gurús que yo leía y seguía en ese entonces. Le hablaba siendo una copia exacta de lo que éstos me alimentaban, de motivación. La motivación basada en soñar, y no parar de hacerlo. La motivación de hacer lo que te gusta y algún día vivir una vida sin límites gracias a esa simple decisión. La motivación de que con solo llevarlo en tu mente todo el día, tus sueños de ser exitoso se harán realidad… Mi amigo ya no trabaja conmigo pero seguimos en contacto, cada vez menos pero sin perder pista, y aunque lo he visto enfocado en lo que le gusta hacer, aún lo escucho desanimado y ansioso de alimentarse con más elixires que lo ayuden a levantarse y conseguir su preciado sueño, pero sin ningún resultado en concreto.

Esto, a mi manera de ver, es como los perfiles y los gurús del emprendimiento tienen a la mayoría de sus consumidores, llenos de motivación pero hambrientos de estrategia.

Por eso concluyo que hace falta más mentores, más personajes que realmente nos aporten estrategias valiosas para alcanzar nuestros sueños, no simplemente adornar imágenes con frases enlatadas, o llenar páginas de libros con fantasiosas vivencias de “pobre a rico” con solo pensar todo el día en el éxito. Y si te sirve de algo querido Lector te comparto que, una estrategia es una secuencia de decisiones bien pensadas para dar el siguiente paso hacia una meta definida, y sobre todo saber y ser consciente de que el éxito es hijo de la paciencia.

Millonario al fin.

Hoy, ser millonario se relaciona comúnmente con la posesión de bastos activos y flujos de efectivo, y esto es algo que casi todos en este planeta anhelan.

Aunque si lo vemos de otra prespectiva, ser millonario también puede implicar la posesión de algo un poco menos material, menos superflúo, diría la posesión de sensaciones, emociones y sentimientos relativos al Amor.

Puedo tomarme como ejemplo de aquello en este apartado. Hoy al despertar me ví a lado de mi compañera, que a pesar de todas las dificultades que supone el estar vivo, me saludó con una sonrisa. En primera instacia lo tomé como un acto cotidiano, pero luego a mi mente se presentó, como la chispa que enciende la bombilla, un pensamiento de abundancia que luego se convirtió en una sensación para ahora tenerlo como un sentimiento que sale desde mi corazón, un sentimiento de Gratitud.

Aunque parezca fácil, lo cierto es que la Gratitud se podría comparar con la búsqueda del Santo Grial. Sabemos que existe, sabemos dónde podría estar, pero sin embargo no tenemos ni idea de cómo buscarlo ni mucho menos cómo en realidad es.

Pero, ¿esta búsqueda del Santo Grial será simplemente una bien elaborada metáfora acerca de la eterna búsqueda del ser humano? ¿el ser humano sabe con certeza qué está buscando? ¿qué estamos haciendo por conseguirlo? ¿qué haremos cuando lo alcancemos? ¿seremos realmente millonarios al fin? ¿seremos agradecidos por aquello?

Creo que, aunque a veces mis creencias se asoman desde la más infinita arrogante ignorancia e ingenuidad, la Gratitud es el comienzo del Amor…


El hecho es que ahora me siento realmente millonario porque esta sensación me embarga, y siento una desmesurable necesidad de compartilo con mi compañera de vida, mi Esposa.


Un Helado, no es sólo un helado.

Néctar de los dioses.

¿¡Quién alguna vez en su existencia se ha negado a un helado!? ¿¡Qué ser insensible le ha hecho del feo a este manjar de los dioses!? No lo sé y ni siquiera concibo en mi mente la existencia de tal persona.

Aunque hay algo seguro acerca de este delicioso postre, que es una una pequeña muestra del Néctar que han dejado los dioses para el deleite de nosotros los mortales. Desde los Persas en sus primeros intentos de elaborar postres fríos con sus congeladores naturales llamados Yakhdan, pasando por los árabes de la edad media con sus frutas machacadas con hielo de las montañas llamado sharbat, la revolución industrial y la creación de un sistema de congelación eficiente, hasta la era de la Internet y su destrucción de barreras culturales, se han creado un sinnúmero de variantes y sabores, y sin embargo aún queda la verdadera esencia de este postre, la Sensación de la Felicidad.

Y es en este punto en el que me pregunto cómo algo tan simple y tan fácil de encontrar, e incluso de elaborar, nos regala sensaciones de alegría y placer, algo que muy pocas cosas en esta vida pueden lograr.

Es algo místico e inexplicable que sólo la sagacidad un niño lo entendería, un niño que va a la heladería y se desborda del gozo al tener una fiesta en su paladar. ¿Será acaso que este es una señal divina? ¿una señal que nos envían los dioses para que nos demos cuenta que la felicidad está más cerca de lo que creemos?

Me gustaría tener esta certeza, pero creo que a mi edad no lo lograré entender del todo, o ¿acaso perdí la expertise con la que los niños lo entienden? no lo sé, aunque lo que sé ahora es que me alegra estar vivo y sentir que en este simple helado encuentro la Felicidad y me dice que, aunque sea a escondidas, aún vive el niño que creí saber muerto cuando desperté siendo un adolescente.